sábado, 28 de septiembre de 2013

Para Anita

Psst... Escucha con atención. Si no regreso en un par de días entrega este sobre a Ana. No lo abras. Ella sabrá que hacer con él. Ahora tengo que irme. ¡Chauuu!


viernes, 27 de septiembre de 2013

Morena


¿No que no?

Ligue de chat. Quiere conocerme. No estoy segura de atreverme pero fijamos cita para conocernos. Su auto, en el parque a tres cuadras de mi colegio. Llego. Veo el Tsuru rojo. Me tiembla hasta el calzón. ¿Lo hago o no lo hago? Me decido de último momento. Entro al auto. Ella me ve en uniforme y se saca de onda. Le suplico que nos vayamos de ahí. Muero de miedo. Maneja unos veinte minutos hasta otro parque. Las dos en silencio. Acepto que tengo menos de 20 años. Ella acepta que no tiene 22 (tenía 32). Le digo que al menos no la voy a violar. Se ríe. Me río. La veo bien. Delgada, blanca, cabello negro, ojos super lindos y senos que quieren reventar el escote. En mi mente pienso que con esta haría de todo. Ella me dice que le parezco muy linda y todo pero que no hará nada conmigo. No quiere ir a la cárcel. Dos meses después yo le decía ¿No que no?

jueves, 26 de septiembre de 2013

Día de pinta

Cuarto semestre de prepa. Mediodía. Me fugo del colegio con mi amiga. Vagamos un rato. Nos metemos al cine. En la sala hace mucho frío. Nos abrazamos. Comemos palomitas. Hasta aquí todo sin malicia. Se acaban las palomas y nos quedamos abrazadas. Nunca ha pasado algo entre nosotras. Ni por el pensamiento. Pero ahí estamos. Mi mano en sus piernas. Caricia inocente. No se mosquea. Caricia cachonda para ver si reacciona. No dice nada. Caricia más obvia. Se pone flojita. Los nervios a mil. Mano rumbo a la pepita. Abre las piernas. Me prendo. Caricias, caricias, caricias. Me voltea a ver. La beso. Me besa. Tengo obsesión con sus senos. Instintivamente quiero meter mano en su sostén. Me rechaza. Me indigno. Termina la peli. Chau. Cada quien a su casa. Nunca jamás se repitió, ni hablamos de lo que pasó ese día.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

Valeria, la justiciera

Me pareció ver unos ojitos tristes. Busqué a mi alrededor y ahí estaban. Puse atención a la conversación y escuché algo que me dejó los pelos de punta. No se te pueden estar muriendo los parientes a cada rato. No podía ver la cara de la jefa, pero parecía furiosa. El chico intentaba decir algo pero ella no paraba de hablar.

Al final acordaron que el chico iría al funeral de su abuelo pero le descontarían el día y tendría que doblar turno la próxima semana sin goce de sueldo adicional. Los ojitos tristes se dieron cuenta que yo estaba atenta a lo que pasaba y su humillación fue peor.

Mientras la jefa daba su sermón el chico me veía y con la mirada me decía que no me preocupara, que todo estaba bien, que estaba acostumbrado al maltrato, pero yo en cambio lo miré con ojos de yo te apoyo, estoy contigo, y además le sonreí con una promesa: Si por un error de la naturaleza mueres antes de tiempo, regresaré para asumir el manto de la justicia y asegurarme de que esa nazi mexicana obtenga lo que se merece.

Creo que entendió el mensaje, porque en sus labios se dibujó una breve sonrisa. Me alegré pensando que algún día contaré a mis nietos la historia de este chico, para que conozcan los valores escenciales de la vida y crezcan fuertes, inteligentes y con una clara idea de lo que es respetar los sentimientos de las personas. Y ellos a su vez se asegurarán de que esa pestilente basura no tenga la más mínima esperanza de ser perdonada en las generaciones por venir.

Salí de la librería caminando con paso firme, convencida de que era capaz de cambiar el mundo para mejor. Llevaba prisa. Me urgía llegar a casa para empezar a hacer mi plan justiciero. Lo primero sería investigar el nombre de la mujer, su dirección, su horario, sus filias y fobias. ¡Tengo que poner todo esto por escrito! Me armé de valor, bajé las escaleras de la estación del metro y aguanté los pellizcos y toqueteos dentro del vagón hasta la estación La Salle.

domingo, 22 de septiembre de 2013

Estragos del fin de semana


El viernes me atropellaron. Nada serio. Raspones y moretones. El tipo de auto se asustó y huyó. No lo culpo porque yo no andaba al 100, había fumado hierba, pero hubiera sido lindo que se detuviera para saber si yo estaba bien. Salí a comprar comida y cuando venía de regreso al depa no me fijé al cruzar una calle. No me arrolló, sino que dio un frenón y el auto me empujó. Fue más el susto que el golpe, la verdad. Como sea, el sábado corrí 10 km y por la tarde volví a fumar y como si nada. Eso sí, me quedé en casita y aproveché para chatear con algunos chicos del Face y del G+.

jueves, 19 de septiembre de 2013

¿Por qué nunca puedo ser feliz?

Este ha sido un día para el olvido. ¿Por qué demonios duele tanto? Hace algunos meses terminé con mi novio. Lo hice porque era celoso, cruel y posesivo, pero además porque durante el tiempo que estuvimos juntos me di cuenta que soy mucho más madura que él y en realidad nunca lo quise tanto como para soportar sus bobos dramas existenciales.

Al principio extrañaba el sexo y las salidas en pareja, pero no tardé mucho en enrollarme con otras personas y olvidarme completamente de él... hasta esta mañana en que cambió su estatus en el Facebook de soltero a "En una relación". Juro que no lo estaba espiando. No digo que no lo haya espiado antes, pero esta vez no fue a propósito. Miré algunas fotos de la nueva chica y la verdad es que no es la gran cosa. De hecho se ve medio boba, igual que él, pero ese no es el punto.

Estaba en el Starbucks y no me pude contener. Me quebré. Empecé a llorar y desde entonces mi día ha sido un completo infierno. No dejo de imaginarlo feliz con alguien más. No debí haber terminado con él. Era celoso y atolondrado, pero me quería y no andaba tonteando con otras chicas. ¡Dios, odio pensar que me equivoqué! ¿Por qué nunca puedo ser feliz? ¿Por qué nunca estoy satisfecha con lo que tengo? ¿Por qué será que cuando ya no es mío es cuando más lo deseo?

Estoy tan triste que he tenido que tirar un montón de pastillas para no tener la tentación de hacer una locura. Estoy tan triste que quisiera escribir poemas interminables que hablen del amor que siento por él. Estoy tan triste que hasta puse un CD de James Blunt. Estoy tan triste que quisiera pararme frente a su casa y gritarle te amo, idiota, se suponía que lucharías por mí y ahora me quedaré soltera para siempre.

Estoy tan triste que he subido a llorar a la azotea del edificio. No, no me voy a tirar desde el quinto piso, solo quiero fumarme un porrito y sentir el aire fresco sin que la gente me vea y me critique. Las escaleras, el moco y la tristeza me han dejado sin aliento. No puedo llorar más pero hago un esfuerzo y sollozo como alma en pena. Un par de gatos salen huyendo despavoridos.