Acá se habla de todo. Sin censura, pero con respeto. Si no te gusta lo que publico anda a volar que seguro en otro lado encontrarás lo que buscas. Pero si te sientes cómodo quédate un rato más y juega conmigo.
martes, 23 de julio de 2013
Despertar
Esta mañana llega T. Me besa y dice "Respira... respira... ¡Respira!" Abro los ojos. Estoy sola. Es de día. Tomo una gran bocanada de aire ¡Me estaba asfixiando!
lunes, 22 de julio de 2013
Esperanza y libertad
Este video lo hice después de escribir "Yo, sin etiquetas" y lo titulé Esperanza y libertad porque eso significó para mí haber conocido a Ana, LaReinaCarapan. La música la edité con Garage Band y el video con iMovie. La canción original es Lazuli, del álbum 'Beach House'.
domingo, 21 de julio de 2013
Encuentro inesperado
Pasé toda la noche trabajando en la investigación para el departamento de Filosofía y Letras. No me dio sueño. El tema es apasionante y el insomnio es crónico. Encargué por teléfono un croissant de jamón y queso y un café americano al el pequeño restaurante que queda a media cuadra del apartamento. Esperé unos 20 minutos para darles tiempo a que me lo prepararan y no tener que esperar cuando lo fuera a buscar. Me puse una camiseta vieja que le robé a mi papá, unos pantalones cortos que normalmente uso para hacer ejercicio, me amarré el cabello con una liga, me lavé la cara para tratar de borrar el cansancio de la noche, tomé un billete de 100, las llaves del apartamento y salí a buscar mi desayuno.
Cuando entré al local ya tenían listo el paquete. La señora me recibió con una sonrisa, le pagué mientras me servía el café caliente y me despedí tan pronto como pude. Así estaba planeado. Entrar, recoger el paquete, pagar y salir de ahí.
Cuando giré para emprender la graciosa huida me topé de frente con el vecino guapo del edificio de enfrente. Nunca nos hemos hablado, pero siempre nos miramos coquetamente. Esta vez no había remedio. Lo tenía frente a mí.
-¡Hola, buenos días! -me dijo con una gran sonrisa. Bajé la cara y le contesté el saludo con una sonrisa tímida y con toda la consciencia de que andaba totalmente mal vestida para la ocasión, desvelada y sin una gota de maquillaje.
-¿Qué tienes ahí? -Me preguntó señalando mi hombro.
-Uhh... ¿Ahí dónde? -Dije volteando la mirada hacia donde él señalaba al tiempo que con mi mano tocaba mi hombro.
-Parece que te ha cagado un pájaro. -Dijo muerto de risa.
No dije nada más... salí corriendo del lugar.
¡Maldita paloma, hija de puta!
Cuando entré al local ya tenían listo el paquete. La señora me recibió con una sonrisa, le pagué mientras me servía el café caliente y me despedí tan pronto como pude. Así estaba planeado. Entrar, recoger el paquete, pagar y salir de ahí.
Cuando giré para emprender la graciosa huida me topé de frente con el vecino guapo del edificio de enfrente. Nunca nos hemos hablado, pero siempre nos miramos coquetamente. Esta vez no había remedio. Lo tenía frente a mí.
-¡Hola, buenos días! -me dijo con una gran sonrisa. Bajé la cara y le contesté el saludo con una sonrisa tímida y con toda la consciencia de que andaba totalmente mal vestida para la ocasión, desvelada y sin una gota de maquillaje.
-¿Qué tienes ahí? -Me preguntó señalando mi hombro.
-Uhh... ¿Ahí dónde? -Dije volteando la mirada hacia donde él señalaba al tiempo que con mi mano tocaba mi hombro.
-Parece que te ha cagado un pájaro. -Dijo muerto de risa.
No dije nada más... salí corriendo del lugar.
¡Maldita paloma, hija de puta!
sábado, 20 de julio de 2013
Purgatorio
Abres los ojos y no reconoces el lugar. Te das cuenta que has muerto. Todo está muy oscuro, sólo ves sombras y tinieblas. ¿Qué es esto? ¿El cielo? ¿El infierno? Sientes ansiedad. ¿Cómo llegué aquí? Los recuerdos llegan por millón. Moriste violentamente. Ahora lo sabes. Fue esa persona que te hizo tanto daño durante tanto tiempo. Ahora lo sabes. Sientes pasos. Escuchas una voz. Abres grandes los ojos. ¿Quién anda ahí? No puede ser. Puedes sentirlo. Es esa persona. La misma persona. ¿Qué hace aquí si ya me mató? Te levantas y corres con los brazos extendidos al frente por si te tropiezas con algún obstáculo. Te alejas de donde proviene el sonido. Cuando no te queda más aliento te detienes. Escuchas una voz angustiada, su voz. Perdóname. Está cerca de ti. ¿Qué es esto? ¿Quiere que le perdone? ¡Es una trampa! Me quiere matar otra vez. Corres hasta que no puedes más. ¿Estoy en el infierno? ¿Pasaré la eternidad con este miedo? Te convences a ti mismo que siempre fuiste buena persona. No la mejor persona, pero tampoco la peor. Te aprovechaste algunas veces de una que otra situación, pero quién no lo hace ¿Cierto? Piensas que son más las cosas buenas que hiciste que las malas. No debería tocarte este castigo. No deberías estar viviendo este infierno. Quizá no. Quizá no es el infierno. Quizá es el purgatorio. Quizá tienes que hacer algo para acceder a Dios. ¿Qué? ¿Qué es lo que tienes que hacer?
viernes, 19 de julio de 2013
Carlos Salinas
Mientras él se pone el condón yo me subo al viejo diván Luis XV que alguna vez fue parte de la decoración del antro. Me pongo en cuatro con las piernas muy abiertas, la falda en la cintura y las nalgas al aire. Estoy alerta por si alguien entra a la bodega. Al otro lado el bar está a reventar y la música a todo volumen. La puerta retumba como si se fuera a abrir en cualquier momento. La adrenalina está a mil.
-A todo esto… ¿Cómo te llamas?
-Carlos ¿Tú?
-Val… bueno, Valeria. ¿Carlos qué?
-Salinas.
-¿Salinas? ¿Carlos Salinas? ¿Cómo el presidente?
-Sí. Pero nada que ver.
Esta noche hubiera aceptado cualquier depravación que me propusieran, pero ni en fantasías ácidas me preparé para coger con Salinas.
Se coloca en mi trasero y recibo la primera estocada de su soldado en mi vagina. Duele, pero duele rico. El expresidente Salinas sonríe satisfecho en mi cabeza. Considero salir corriendo de ahí pero sé que estoy exagerando. El que está conmigo es joven atractivo y no tiene nada que ver con el Carlos Salinas que nos jodió la vida a todos los mexicanos. Quiero concentrarme en el sexo y seguir adelante.
No estoy segura como es para los demás, pero cuando yo tengo sexo combino las sensaciones físicas del momento con imágenes en mi mente de situaciones eróticas que he vivido o fantaseado y que me llegan como un carrusel de diapositivas. Ninguna de esas imágenes se queda mucho tiempo, las voy eliminando hasta que encuentro una que hace clic con la sensación física y juntas me llevan al clímax.
No sé cuando empecé a utilizar esa técnica, pero me funciona bien, porque si el sexo es aburrido estaría pensando en la ropa que tengo que lavar o preocupada por el destino de Sansa Stark en Canción de Hielo y Fuego.
Intento sacar de mi mente al expresidente y concentrarme en las sensaciones del momento, pero no lo consigo. Mi mente empieza a divagar. No debí preguntar su nombre. Si se hubiera llamado Rafael Guillén otro gallo cantaría. Estaría cogiendo con un guerrillero zapatista. Pero ahora mi mente ya no procesa su hermoso rostro moreno ni su cuerpo esbelto. No. Ahora sólo pienso en la cabeza calva, el bigotito antiguo y la sonrisa perversa del ex presidente. Me penetra y en cada embestida puedo sentir sus ojos lujuriosos disfrutando la visión de su miembro en mi trasero.
Ese enano desgraciado, pedazo de mierda, ha invadido mis pensamientos sexuales. Lo imagino igual que en la foto oficial, con traje oscuro y banda presidencial en el pecho. El hombre gime y se mueve más de prisa. Está llegando al orgasmo. Siento repulsión y mareo. A mi mente llega la imagen del semen del expresidente dentro de mi vagina y siento en el cuerpo la oleada de un orgasmo intenso. Los músculos se contraen y las piernas tiemblan incontrolables. Por un momento pierdo el conocimiento. Demonios. Mi libido actúa de manera misteriosa.
-A todo esto… ¿Cómo te llamas?
-Carlos ¿Tú?
-Val… bueno, Valeria. ¿Carlos qué?
-Salinas.
-¿Salinas? ¿Carlos Salinas? ¿Cómo el presidente?
-Sí. Pero nada que ver.
Esta noche hubiera aceptado cualquier depravación que me propusieran, pero ni en fantasías ácidas me preparé para coger con Salinas.
Se coloca en mi trasero y recibo la primera estocada de su soldado en mi vagina. Duele, pero duele rico. El expresidente Salinas sonríe satisfecho en mi cabeza. Considero salir corriendo de ahí pero sé que estoy exagerando. El que está conmigo es joven atractivo y no tiene nada que ver con el Carlos Salinas que nos jodió la vida a todos los mexicanos. Quiero concentrarme en el sexo y seguir adelante.
No estoy segura como es para los demás, pero cuando yo tengo sexo combino las sensaciones físicas del momento con imágenes en mi mente de situaciones eróticas que he vivido o fantaseado y que me llegan como un carrusel de diapositivas. Ninguna de esas imágenes se queda mucho tiempo, las voy eliminando hasta que encuentro una que hace clic con la sensación física y juntas me llevan al clímax.
No sé cuando empecé a utilizar esa técnica, pero me funciona bien, porque si el sexo es aburrido estaría pensando en la ropa que tengo que lavar o preocupada por el destino de Sansa Stark en Canción de Hielo y Fuego.
Intento sacar de mi mente al expresidente y concentrarme en las sensaciones del momento, pero no lo consigo. Mi mente empieza a divagar. No debí preguntar su nombre. Si se hubiera llamado Rafael Guillén otro gallo cantaría. Estaría cogiendo con un guerrillero zapatista. Pero ahora mi mente ya no procesa su hermoso rostro moreno ni su cuerpo esbelto. No. Ahora sólo pienso en la cabeza calva, el bigotito antiguo y la sonrisa perversa del ex presidente. Me penetra y en cada embestida puedo sentir sus ojos lujuriosos disfrutando la visión de su miembro en mi trasero.
Ese enano desgraciado, pedazo de mierda, ha invadido mis pensamientos sexuales. Lo imagino igual que en la foto oficial, con traje oscuro y banda presidencial en el pecho. El hombre gime y se mueve más de prisa. Está llegando al orgasmo. Siento repulsión y mareo. A mi mente llega la imagen del semen del expresidente dentro de mi vagina y siento en el cuerpo la oleada de un orgasmo intenso. Los músculos se contraen y las piernas tiemblan incontrolables. Por un momento pierdo el conocimiento. Demonios. Mi libido actúa de manera misteriosa.
jueves, 18 de julio de 2013
El 10
Entro al Amsterdam. Muero de hambre. Pido una chapata de pollo y un café. El chico que me atiende es una belleza. Un 10 total. Moreno con corte raso, cejas pobladas, piercings en la cara y dragones de colores tatuados en sus brazos musculosos. Bromeo un poco con él y le digo como si nada que estoy contenta porque terminé la universidad. Me felicita con una sonrisa coqueta que me llena de alegría. Quiero quedarme hablando con él pero hay gente en la fila esperando su turno. Viene a mi mesa a poner el servicio y hago un par de comentarios sobre lo hambrienta que estoy. Se ríe y dice que además de linda soy muy divertida. Pregunta si quiero hacer algo después de cenar. No sé qué contestarle. El corazón me late muy fuerte. ¿Qué hace un 10 ligándome? Me quedo en silencio. Sonrío nerviosa. Insiste. Me dice que en un par de horas sale del trabajo y me invita a festejar con él. Pienso “Madre de Dios” y le digo “Ok”. Pregunta dónde vivo y por precaución le digo que lo veo en el restaurante en dos horas. Ya no tengo hambre. Me tomo el café y salgo de prisa. Llego al apartamento y me meto a la ducha. Me doy un baño a conciencia y después me quiebro el coco pensando que ropa ponerme. No pregunté a donde iríamos así que no sé cuál es la combinación adecuada. Además debo decidir entre inocente, atrevida o puta. ¿Qué impresión le quiero causar al 10? ¿Chica fácil? ¿Difícil? ¿Desesperada? No. Me decido por inocente: Ropa interior de algodón, jeans ajustados, blusa de mangas cortas, maquillaje suave y peinado de cola de caballo. Regreso al restaurante y ya me está esperando. Caminamos varias cuadras hasta su apartamento. Se tiene que cambiar porque aún trae puesto el uniforme del Amsterdam. Cuando entramos le pregunto por la enorme cantidad de discos que ocupan casi toda la sala. Me dice que la música es su pasión y que él mismo ha compuesto algunas canciones. Me destapa una cerveza, le da play al aparato y me deja escuchando un rico jazz mientras se va a bañar. Quizá por toda la situación, o simplemente por el ambiente que genera la música, mi mente empieza a divagar e imagino que sale del baño desnudo, mojado y erecto a hacerme el amor suavemente. Estoy tan excitada que puedo oler mis propias feromonas. Una nota alta me saca del dulce sueño. Tengo la piel erizada y me siento un poco mareada. Creo que vomitaré un arcoiris. Cuando regresa le digo que su música me ha encantado. Pregunta si prefiero quedarme y pasar una noche tranqui en lugar de salir a algún antro. “Sí, sí. Mejor”. Pone otro disco y me pregunta si fumo. Le digo que no. Nunca me ha gustado el tabaco. Sonríe y abre una cajita metálica que está en la mesa. Adentro tiene varios canutos de mariguana. Enciende uno y me lo acerca. Abro los labios y lo pone en mi boca sin soltarlo. Jalo profundo. El olor es maravilloso. Mientras fumamos le cuento un poco de mí. Me cuenta un poco de él. Poco a poco me empiezo a sentir en confianza, como cuando hablas con alguien que conoces de toda la vida. Le cuento mis aventuras y una que otra tragedia. Él me cuenta de sus amores y desamores. Hacemos una competencia para ver cuál de los dos ha tenido la peor relación amorosa. Gané. Cuando me doy cuenta ya son pasadas las 3 de la mañana. Le digo que es tarde y me tengo que ir a casa. Me detiene cuando estoy a punto de salir y me pregunta si quiero pasar la noche en su apartamento. “¿Dónde voy a dormir?” le pregunto inocentemente. Se ríe y me dice que con él. Sin pensarlo mucho le digo “Ok” y tiro mi bolso al sofá. Me toma de la mano y me lleva a su recámara. Tenemos sexo por más de 40 minutos. El mejor sexo de mi vida. Me abraza y siento que se está quedando dormido. Yo no puedo dormir. Estoy más caliente que la entrepierna de Satanás. Lo monto y frotando mi pubis contra su cuerpo le digo “Dame un poco más.”.
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