sábado, 24 de agosto de 2013

La chica del gimnasio

Lunes. Empezar de nuevo. Llego al gimnasio a primera hora. Hay una chica en la recepción. Está de espaldas y no le puedo ver la cara, pero tiene un cuerpazo impresionante. Dejo el back pack en el casillero del vestidor y cuando salgo me la encuentro de frente. Hacemos contacto visual y nos saludamos con una sonrisa. Demonios. Es preciosa. Pasa junto a mí y cuando volteo a verla de espaldas descubro que ella también ha volteado a verme. ¡Qué pena! Estoy haciendo ejercicios de calentamiento cuando veo por un espejo que la chica nueva se ha subido a la caminadora eléctrica. Estoy fascinada con los movimientos de su cuerpo perfecto. En algún momento nuestras miradas se cruzan y me pongo algo nerviosa. Quiero evitar mirarla para no parecer acosadora. No es fácil. Su presencia me atrae y reclama mi atención. Miro el espejo que me da su reflejo y ahí está, trotando sobre el aparato, sudando y… mirándome fijamente. No sonríe ni dice nada. Sólo me mira. No, no. Debe ser mi imaginación. Intento ignorarla y empiezo mi rutina de ejercicio para las piernas. Siento su mirada en mi cuerpo. Sus ojos me acarician y me hacen cosquillas. Miro al espejo y sí, ahí está, viéndome. Quiero tantear el agua y la miro fijamente a través del espejo. 10 segundos. 20 segundos. Su rostro es inexpresivo. Me pasa por la cabeza de que en lugar de querer ligarme pueda ser alguien que me conozca y me odie por alguna razón. No aguantaré la mirada mucho más. Un chico se acerca a ella y la saluda. Gracias Dios mío. Sigo con mi ejercicio mientras pienso que no jugaré más. Debo resolver mis problemas personales antes de meterme en otros. Pasan un par de minutos y muero por saber si sigue pendiente de mí. Disimuladamente miro hacia el espejo y descubro que en su lugar se ha quedado el chico solo. No le dio bola. Me alegro. A ella la encuentro haciendo ejercicio de pecho en un aparato cerca de mí. Está de espaldas. Dejo el ejercicio un momento y pretendo cambiar la música del reproductor del teléfono. Abro la cámara y le tomo una foto justo cuando voltea a verme. Madre de Dios… ¡El flash me delató!