sábado, 31 de agosto de 2013

Historia de una histeria

Es la primera vez que voy a contar esto. Bueno, lo he escrito en mi diario pero nadie más lo sabe. He pensado en hacer daño, mucho daño. Digo, si he pensado en matarme por qué no le haría daño a alguien más. Pero no es tan sencillo como piensas. No. Es decir, no es como ¡Déjame en paz y muérete! No. He imaginado a detalle lo que haría con algunas personas. Quisiera sacarles los ojos y las tripas. Sé que suena cruel pero a veces me gustaría ser la más despiadada con esas personas que según yo no merecen vivir.

A veces pienso que si eliminara a todas aquellas personas que alguna vez me hicieron enojar estaría completamente sola en el mundo. Bueno, ahora que lo escribo me doy cuenta que estoy loca y no me hace bien guardar tanto odio y rencor cuando los demás ni siquiera se enteran de cómo me hicieron sentir y el desprecio que les tengo.

Muchas veces son pequeñas cosas que se me olvidan pronto, pero si me hacen otra les recuerdo hasta el mínimo detalle en el que me fallaron. ¡Maldita memoria de elefante! Sé que no soy perfecta. Nadie puede serlo, pero al menos intento ser buena con los demás, soy detallista, disfruto a mi familia y a mis amigos y me da rabia que no me correspondan.

Gente que odio: Los secuestradores, los violadores, los que abusan de las mujeres y los niños, los que utilizan su poder económico para destruir a otros, los políticos, los taxistas que se te meten en el camino, los prepotentes, los que hablan hasta el cansancio, los necios, los cursis, los que siempre llegan tarde, los vividores, los niños con celulares caros, la gente que lleva bebés a los cines, los que hacen ruido al masticar o sorber el café, las niñas que piden frapuccinos en el Starbucks para parecer maduras, pero que no soportan un buen café expresso porque les parece demasiado cargado.

Me da ansiedad la gente que se queda dormida en el metro, quisiera despertarlos para saber a dónde van y darles una patada en la espinilla cuando lleguemos a la estación. También odio las personas obesas que se dicen orgullosos de ser gordos cuando en realidad son demasiado perezosos para cuidar de su salud. Los peores quizá son esos que se pasan la vida quejándose en sus mansiones porque según ellos su vida es una mierda.

Otros que odio son los indecisos. ¡Qué barbaridad! ¿Por qué no pueden tomar una decisión rápido?

-¿Qué quieres comer?
-Lo que sea.
-¿Pedimos pizza?
-No, no se me antoja.
-¿Hamburguesas?
-No, no me late.
-¿Entonces?
-No sé. Lo que tú quieras está bien.
¡Grrrrrrrr! ¡Pásenme el cuchillo que a este lo mato!

Sí, soy algo histérica y paranoica. A veces me dan ataques de ansiedad, ira y desesperación. Debe ser culpa mía, no puede ser que todo el mundo esté equivocado o en contra de mí... ¿O sí?

Sé que soy una persona difícil, mucho más complicada de lo común o al menos eso parece, aunque a veces pienso que si pudiera entrar a la mente de los demás me daría cuenta que todos están tan locos como yo, pero nadie expresa lo que siente. Y decir "Tengo tantas ganas de hacerle daño a alguien" te puede llevar a la cárcel o al manicomio.

Por ejemplo, aquel tipo en la discoteca que llega por detrás y sin avisar te agarra el trasero. ¿Te lo puedes creer? Un total desconocido cree que puede hacerte eso como si fuera lo más normal del mundo. La primera vez que me pasó me asusté tanto que me salí del lugar y me puse a llorar. ¡Maldito! La segunda vez hice tal escándalo que mis amigos lo molieron a golpes. Mi mamá dice que yo los provoco por vestirme así, pero ella qué puede saber, si a pesar de dedicar todo su tiempo a la iglesia y hacerse pasar por santa, yo que soy su hija sé que es una bruja malhumorada que le ha hecho la vida miserable a mi papá.

Pero también hay que reconocer si es fácil ponerme histérica, es más fácil ponerme contenta. No se necesita mucho, son pequeños detalles. Por ejemplo, el otro día bajé a dejar la basura sin bañarme, ni arreglarme, con el cabello sostenido por una coleta y con ropa de ejercicio y un señor se paró a decirme: Disculpe que la moleste señorita, a una persona tan bella como usted no debería ni hablarle, pero busco trabajo o si hay algo en lo que pueda ayudarle para ganarme unos centavos. Mi reacción fue decirle No traigo dinero, lo siento. Y empezó a hacerme platica, que si de donde era, que si era casada (le dije que sí por precaución), que parecía extranjera, cuántos hijos tiene, quiere mucho a su esposo, yo vivo con una joven como usted, morena y bajita de estatura, bueno dígale a su esposo que la cuide mucho, que la quiera para que cuando lleguen los hijos sean muy felices. Y se fue.

Cuando ya estaba por desaparecer en la esquina lo llamé con un grito ¡Hey! ¡Hey, señor! Regresó y le pregunté si ya había comido, obviamente no había probado bocado en todo el día, así que le dije que no tenía trabajo para él, pero sí algo de comida para darle. La idea era prepararle un par de emparedados para que se los llevara, pero tenía tan buena onda que le serví en la mesa y se quedó un par de horas. ¡Cuánto me hizo reír este hombre! Me pasó por la mente meterlo a bañar porque venía muy sucio y olía realmente mal. Lo veía hablar y pensaba si lo dejo remojando en cloro una hora y luego le doy una buena restregada con jabón para quitarle toda la mugre quedaría guapísimo.

Quizá me dijo lo de bella y eso porque necesitaba la ayuda, quizá fue de corazón, lo importante es que esto me alegró el día por completo, espero poder hacer eso por alguien más algún día.