martes, 25 de marzo de 2014

Alguien se está divirtiendo

Despierto sola en mi cama. Es la medianoche. Mi novio no está junto a mí como siempre. Le llamo en la oscuridad. Silencio. Lo busco en el baño. En la cocina. Nada. Tengo un mal presentimiento. Me visto de prisa y bajo las escaleras del edificio hasta el estacionamiento. Manejo más allá de los límites de la ciudad, cerca del río. Doy vueltas por las calles oscuras hasta que encuentro la casa móvil. Espero unos minutos. Mis manos tiemblan de miedo y frío. Salgo del auto y camino hasta la casa móvil. Escucho música y risas. Alguien se está divirtiendo. Maldición. Acerco una silla abandonada que me sirve para alcanzar una pequeña ventana. Ahí está él, cogiendo con una mujer de su trabajo. Golpeo la ventana con fuerza y empiezo a gritar. Veo sus caras de sorpresa y horror. Les digo que si no salen de ahí incendiaré el lugar. Arrojo piedras contra las ventanas. Salen de la casa móvil. Ella está llorando. Él esta en shock. En ese momento me doy cuenta de que no tengo la menor idea de dónde estoy o quiénes son esas personas. Es más, ni siquiera tengo novio. ¡Soy lesbiana!