jueves, 5 de septiembre de 2013

Creo que me estoy enamorando de T.

Empiezo a besarla despacio aunque por momentos no logro controlarme y los besos se vuelven más apasionados y húmedos. Aprovechando que tiene los ojos cerrados me alejo de ella para que sus labios me busquen. Le doy pequeños mordiscos en los labios y acaricio su lengua con la mía. Ella imita mis movimientos. Eso me gusta. Mis manos acarician su cabello y su mejilla. Me abraza y acaricia mi espalda.

Sus manos bajan hacia mi cintura y la beso con más pasión intentando decirle que siga por ese camino pero se detiene. No sé si le gusta provocarme o no quiere tomar la iniciativa. Mi deseo se incrementa. Llevamos días tonteando con palabras tiernas, besos y caricias. La tensión sexual está a tope. No he querido apresurar las cosas, pero muero hacerla feliz.

Pongo las manos en su torso y con los pulgares rozo los costados de sus senos. En cada movimiento voy avanzando un poquito más hacia el centro de su pecho. Ella entiende el mensaje. Sabe que tengo fijación por los senos grandes, se lo dije aquél sábado en el zócalo. Se acomoda y pone sus brazos sobre mis hombros para dejarme el camino libre hacia sus senos. Meto las manos debajo de su blusa y desabrocho su sostén. Después regreso a sus senos por encima de la tela presionándolos ligeramente para sentirlos a plenitud.

El corazón me late a millón y una oleada de adrenalina se apodera de mí. Siento claramente cómo se humedece mi entrepierna. Muerdo muy fuerte sus labios y no paro hasta que dice que le hago daño. Con mi lengua acaricio sus labios heridos. Froto las palmas de mis manos sobre la tela de la blusa y siento como van creciendo sus pezones. Deslizo los pulgares sobre sus pezones duros, una y otra vez. Los besos se hacen más intensos y su respiración agitada me dice que estoy haciendo bien las cosas.

Despego los labios de su boca y empiezo a besar y lamer su cuello. Gime. Bajo hasta su pecho y beso sus senos sobre la tela de la blusa. Los pequeños mordiscos son recibidos con temor. Sabe que me gusta morder y algunas veces no me controlo. Se quita la blusa para dejar sus senos al aire e inmediatamente mis manos van sobre ellos. Mi boca busca uno de sus pezones erguidos y lo empiezo a mordisquear y lamer.

Después de un momento me alejo de ella, la tumbo en la cama y mirándola a los ojos me quito la blusa. Me monto sobre ella y me inclino para acariciar sus senos con los míos. La sensación es indescriptible. Beso nuevamente sus labios y presiono mi pecho sobre el suyo para sentir el calor de su cuerpo. Sus manos recorren mi cuerpo y mis labios el suyo. Aprovecho para frotar mi pubis contra su cuerpo mientras lamo su cuello recorriendo nuevamente la ruta que lleva a su pecho.

Su piel tiene un olor único que llena todos mis sentidos. Juego con sus senos. Mientras a uno lo mordisqueo y acaricio con la lengua al otro lo exprimo con la mano. Mi mano libre avanza en dirección a su entrepierna. Acaricio sus muslos sobre la tela de los jeans y luego froto con firmeza la zona de su vulva para que sienta mis caricias sobre la tela del pantalón.

Mis labios bajan a su abdomen. Mi lengua serpentea sobre su piel dejando una estela de saliva a su paso. Beso a beso recorro su cuerpo infinito. Desabrocho los botones de su pantalón y ella levanta la cadera para ayudarme a deslizarlo por sus piernas. Meto la cabeza entre sus piernas. Mi lengua gira contenta sobre sus muslos. Le doy pequeñas mordidas aquí y allá. Estoy tan cerca de su vulva que puedo sentir que irradia calor y el suave olor de su excitación.

Con los dedos froto sus labios húmedos e hinchados sobre las bragas. Gime. Beso su entrepierna y aspiro profundamente. Sé lo que se siente que alguien te respire en esa zona y me doy cuenta que a ella también le gusta la sensación. Mi lengua recorre de arriba abajo la línea de su vulva. No puedo más.

Le quito las bragas lentamente. Pongo mis manos en sus caderas y beso suavemente los labios superiores de su vulva. Exploro con la lengua los costados de sus labios, lamiendo lentamente de arriba abajo, hasta llegar al centro de su clítoris. La punta de mi lengua lame alrededor y el centro de su clítoris mientas uno de mis dedos se empieza a anunciar en la entrada de su vagina, humedeciéndose poco a poco cada vez que entra y sale. Me concentro en succionar su clítoris como si fuera una fruta muy jugosa.

Pongo atención al leguaje de su cuerpo, relacionando los movimientos de mi lengua y dedo a su respiración y movimientos de cadera. Intercalo lamidas y succiones. ¿Qué le gusta más? Un segundo dedo se desliza fácilmente por el canal de la vagina. Los meto tan adentro como sea posible y con las yemas hago presión sobre la pared superior. Beso, succiono y lamo su clítoris con pasión. Lo hago como me gusta que me hagan y me excita imaginar que siente lo mismo que yo siento. Los gemidos se hacen más intensos anunciando un potente orgasmo que llega acompañado de un torrente líquido que me empapa el rostro.