sábado, 7 de septiembre de 2013

Celos

Era un celoso y controlador. Llegaba de sorpresa al colegio y hacía bronca a mis amigos. Creía que yo coqueteaba con todos. Cuando estábamos solos me olía para “detectar” si me había acostado con algún otro hombre. Una vez le propuse que intentáramos algo nuevo en la cama y se puso furioso pensando que ya lo había hecho con alguien más. Sospechaba de todo el mundo, pero sobre todo de mí. No importaba lo que hiciera, él nunca se sentía lo suficientemente seguro.

A escondidas empecé a chatear con alguien del colegio y nos hicimos muy buenos amigos. No. No era infiel. Éramos sólo amigos y me hacía sentir bien poder hablar con alguien más a parte de mi novio. Sobre todo porque eran pláticas relajadas y divertidas, donde no tenía que aparentar ni hacerme pasar por tonta. Eso sí, tuve que explicarle que tenía un novio muy celoso y que debíamos mantener nuestra amistad en secreto.

Una noche, mientras estaba dormida, llegó un mensaje de texto a mi teléfono y mi novio lo leyó. Era el chico del chat con un mensaje de lo más inocente. “Hasta mañana, guapa!”. Suficiente para que enloqueciera.

¿Quién es? ¡Lo voy a matar! Maldita puta. Te mato si me entero que te acostaste con él.

Me quedé en silencio. Tanta rabia me llenó de terror. Le pregunté si me podía ir a casa. Fue peor. 

¿Quieres ir a acostarte con él? Vete, maldita. Andas por ahí con cara de inocente y el culo apretado pero lo que eres es una puta. ¿Disfrutas haciéndome daño? ¿Es eso?

En fin, que todo lo malo que pasaba en el universo era culpa mía.

Esa noche se quebró todo. Ya no sentía amor por él. Ni siquiera sentía culpabilidad o lástima. Lo vi en su dimensión real. Ególatra, machista, hijo de puta.

Salí de ahí con calma y sin decir una sola palabra más. Le llamé al chico del chat y le dije que le tenía una sorpresa. Manejé hasta su casa. Me metí a la cama con él y tuvimos sexo por más de cuatro horas.