domingo, 8 de septiembre de 2013

Amigos por siempre

Conocí a un tipo súper atractivo, que me tenía loca y por quien habría lamido el suelo que pisaba hasta dejarlo completamente limpio si ese fuera su deseo. Nos hicimos buenos amigos y aunque él tenía novia coqueteaba conmigo pero también con todas las chicas que conocía. No lo culpo. Era su naturaleza, se sabía atractivo y no lo podía evitar.

Su noviazgo iba en picada y cada vez pasaba más tiempo conmigo. Cuando peleaba muy fuerte con su novia se refugiaba en mi apartamento y hablábamos por horas. Algunas veces se quedaba a dormir conmigo, pero no teníamos sexo, sólo nos abrazábamos hasta quedarnos dormidos.

Algunas veces salí con él, su novia y otros amigos, pero lo normal era que cuando yo andaba de fiesta él me llamaba para verme después de dejarla a ella en su casa. Cuando no estábamos juntos nos texteábamos todo el tiempo.

Una noche que estuvo tomando mucho me besó y terminamos en la cama. Al día siguiente él tenía la idea de que los dos nos habíamos emborrachado, pero la verdad es que yo no había tomado ni una gota de alcohol. La siguiente vez que se quedó a dormir conmigo tuvimos sexo nuevamente pero esta vez por iniciativa mía.

Cuando por fin terminó con su novia pensé que ya no era necesario pretender que solamente éramos amigos y que podríamos tener una relación totalmente abierta. El día de su cumpleaños fuimos a cenar con sus amigos. Llevaba ropa oscura y se veía más hermoso que nunca. Veía sus manos grandes y no dejaba de pensar en tener sus dedos dentro de mí. Cuando tuve la oportunidad lo abracé y lo besé delante de todos. Él puso cara de no entender lo que pasaba y entre risas me preguntó si estaba ebria. Todos rieron a carcajadas. Me sentía totalmente humillada y temblaba de coraje, pero guardé la compostura y no hice drama.

Más tarde me explicó que acababa de terminar una relación y dijo que todavía no se sentía listo para empezar otra. Usó el clásico “te quiero mucho y no quiero perderte”. Finalmente me convenció de que había que dejar que el tiempo pusiera las cosas en su lugar y cuando me vio más tranquila y sonriente dijo que quería su regalo de cumpleaños en la cama... protesté, pero tenía esa manera tan linda de pedir las cosas que no pude negarme.

Después de varios meses logró “aclarar sus sentimientos” y empezó a salir con otra chica a la que hizo su novia en menos de lo que se los estoy contando. Yo me quería morir. Tuvimos una discusión que duró hasta la madrugada y en la que no sé qué artimañas utilizó para convencerme de que yo era lo que más quería en la vida, pero prefería tenerme como amiga porque él no servía para el amor y no quería perderme.

Le hice prometer que a partir de ese momento seríamos los mejores amigos y que por ningún motivo habría más sexo entre nosotros. Él estuvo de acuerdo y para festejar la reconciliación esa misma noche terminamos juntos en la cama jurando que sería la última, pero desde entonces no se volvió a hablar del asunto y me entregué a él sin protestar.

Meses después se fue a vivir al norte del país para hacerse cargo del negocio de la familia y, aunque seguimos en contacto y nos seguimos queriendo mucho, no voy a negar que sufrí y lloré por él. No me arrepiento de nada. Creo que valió la pena, porque pocos hombres me han hecho sentir como lo hacía él. Ahora nuestra relación es de absoluta amistad... a menos que él diga lo contrario, claro.