martes, 13 de agosto de 2013

Pequeña aventura de papel

Estaba en Todo de papel buscando un cuaderno para mis dibujos y noté que había una nueva chica trabajando ahí. Aún tengo grabada en mi mente la sonrisa amable que me regaló cuando pasé junto a ella la primera vez. Durante el tiempo que estuve ahí me acerqué un par de veces a preguntarle algunas cosas y cuando hablaba con ella pude notar que sus gestos me decían que estaba poniendo atención a pesar de que sus ojos miraban fijamente mis labios. Algo pasaba entre nosotras y era mutuo.
Nunca he sido yo la que tome la iniciativa, pero ahora que estaba decidida a hacerlo no encontré la oportunidad porque había mucha gente en el lugar. Pagué en la caja y sólo me atreví a agradecerle con algo de énfasis pero intentando no parecer exagerada. Caminé unas cuatro cuadras pensando qué podía hacer para conocerla un poco más hasta que se me prendió el foco.
Me armé de valor y con el corazón a mil por hora regresé a la tienda. La busqué entre los pasillos hasta que la encontré acomodando algunas cosas en un estante. Pude ver algo de asombro y una pequeña sonrisa en sus labios cuando se dio cuenta que caminaba hacia ella. Cuando la tuve frente a mi le pedí que me prestara el lápiz que tenía en la bolsa de su blusa. Escribí mi número de teléfono en una hoja del cuaderno que acababa de comprar y le dije “Esto puede parecerte un poco extraño, pero este es mi número por si algún día quieres llamarme”. Le entregué la hoja y salí de ahí temblando de nervios.
Cuando llegué al apartamento empezó a martirizarme la idea de que quizá hubiera sido mejor pedirle su nombre y su número. ¡Oh, Dios!