jueves, 15 de agosto de 2013

Mujer

Si tienes suerte pasarás la infancia feliz sin ningún tipo de insinuaciones sexuales. De pronto llega la pubertad y comienzan a brotar protuberancias y a delinearse algunas curvas. No tienes idea de por qué o para qué, pero todo el mundo parece darse cuenta y lo comentan abiertamente haciéndote muy consciente de eso.

Tu ropa ya no es apropiada y tus amigas empiezan a usar maquillaje y lápiz labial con sabor a fresa, pero lo peor es que los niños empiezan a verte diferente. Pasan de las clásicas miradas de “niña aléjate de aquí” a miradas de curiosidad que van de tu pecho y a tu trasero. Si tienes las tetas grandes y el culo parado será peor. No faltará el chico que además de mirar intentará tocar. Inexplicablemente te sientes asustada y sucia porque esos atributos atraen las miradas de hombres que piensan en sexo y sólo sexo.

Mientras creces esos niños serán más audaces y atrevidos. Pero no sólo los niños, también los hombres que son mayores que tú por algunos años o incluso décadas. Te mirarán de arriba a abajo, analizando tu cuerpo como si fueras un estante en el supermercado. Intentarán besarte, tocarte, acariciarte o pellizcarte a la primera oportunidad sin preguntarte qué te parece o importarles demasiado lo que pienses sobre eso. Te gritarán piropos agresivos desde sus autos, las obras de construcción, la acera de enfrente o las ventanas de los edificios. Te dirán que en lugar de actuar como víctima deberías sentirte halagada. ¡Cuántas mujeres quisieran tener tu suerte!

Por esa época tendrás tu primer novio. Si es buen chico no te presionará para tener sexo antes de que estés lista. Pero a esa edad no te atraen los chicos buenos. Sólo tienes ojos para los rebeldes. Si decides tener sexo deberás cuidarte de que nadie se entere para que tus amigos no te digan puta o Dios sabe qué más.

Si estás interesada en las chicas tu problema será peor. Además de lesbiana la gente dirá que eres una pervertida. Tus amigas huirán de ti. Los chicos te molestarán y no faltará el que asegure que puede curarte de esa "enfermedad". Así que olvídate de tener una relación abierta. ¡Al clóset!
Sigues creciendo. Aprendes a cuidarte de los hombres y a ignorarlos. Sabes que tus pensamientos no les importan y mucho menos tus sentimientos. Quizá te vuelvas un poco paranoica -¿El papá de Paola sólo quería saludar o estaba coqueteando conmigo? ¿Me está viendo las tetas? Te tratan como a como una niña pero te ven como a una diosa sexual. Odias que la gente se sienta con derecho a mirarte de esa forma y olviden que eres persona que piensa y siente.

Tus inseguridades aumentan. Vives con miedo y construyes un muro invisible para protegerte, porque cada vez que un hombre se te acerca intentará obtener alguna parte de ti, como si le pertenecieras. Para entonces, si no eres tonta, ya sabes que las tetas y el culo son atributos para atraer machos deseosos de aparearse y a cambio están dispuestos a entregar amor, dinero, placer y en casos extremos hasta la vida.

Algunos de ustedes saben de lo que hablo, pero quizá a otros tengo que aclararles que esto es real y que lo viven todos los días sus hermanas, madres o hijas y que, peor aún, ustedes no se dan cuenta que tratan así a las mujeres de su entorno.

El hombre creó a Dios a su imagen y semejanza: Machista, homofóbico, violento y retrógrado.