jueves, 18 de julio de 2013

El 10

Entro al Amsterdam. Muero de hambre. Pido una chapata de pollo y un café. El chico que me atiende es una belleza. Un 10 total. Moreno con corte raso, cejas pobladas, piercings en la cara y dragones de colores tatuados en sus brazos musculosos. Bromeo un poco con él y le digo como si nada que estoy contenta porque terminé la universidad. Me felicita con una sonrisa coqueta que me llena de alegría. Quiero quedarme hablando con él pero hay gente en la fila esperando su turno. Viene a mi mesa a poner el servicio y hago un par de comentarios sobre lo hambrienta que estoy. Se ríe y dice que además de linda soy muy divertida. Pregunta si quiero hacer algo después de cenar. No sé qué contestarle. El corazón me late muy fuerte. ¿Qué hace un 10 ligándome? Me quedo en silencio. Sonrío nerviosa. Insiste. Me dice que en un par de horas sale del trabajo y me invita a festejar con él. Pienso “Madre de Dios” y le digo “Ok”. Pregunta dónde vivo y por precaución le digo que lo veo en el restaurante en dos horas. Ya no tengo hambre. Me tomo el café y salgo de prisa. Llego al apartamento y me meto a la ducha. Me doy un baño a conciencia y después me quiebro el coco pensando que ropa ponerme. No pregunté a donde iríamos así que no sé cuál es la combinación adecuada. Además debo decidir entre inocente, atrevida o puta. ¿Qué impresión le quiero causar al 10? ¿Chica fácil? ¿Difícil? ¿Desesperada? No. Me decido por inocente: Ropa interior de algodón, jeans ajustados, blusa de mangas cortas, maquillaje suave y peinado de cola de caballo. Regreso al restaurante y ya me está esperando. Caminamos varias cuadras hasta su apartamento. Se tiene que cambiar porque aún trae puesto el uniforme del Amsterdam. Cuando entramos le pregunto por la enorme cantidad de discos que ocupan casi toda la sala. Me dice que la música es su pasión y que él mismo ha compuesto algunas canciones. Me destapa una cerveza, le da play al aparato y me deja escuchando un rico jazz mientras se va a bañar. Quizá por toda la situación, o simplemente por el ambiente que genera la música, mi mente empieza a divagar e imagino que sale del baño desnudo, mojado y erecto a hacerme el amor suavemente. Estoy tan excitada que puedo oler mis propias feromonas. Una nota alta me saca del dulce sueño. Tengo la piel erizada y me siento un poco mareada. Creo que vomitaré un arcoiris. Cuando regresa le digo que su música me ha encantado. Pregunta si prefiero quedarme y pasar una noche tranqui en lugar de salir a algún antro. “Sí, sí. Mejor”. Pone otro disco y me pregunta si fumo. Le digo que no. Nunca me ha gustado el tabaco. Sonríe y abre una cajita metálica que está en la mesa. Adentro tiene varios canutos de mariguana. Enciende uno y me lo acerca. Abro los labios y lo pone en mi boca sin soltarlo. Jalo profundo. El olor es maravilloso. Mientras fumamos le cuento un poco de mí. Me cuenta un poco de él. Poco a poco me empiezo a sentir en confianza, como cuando hablas con alguien que conoces de toda la vida. Le cuento mis aventuras y una que otra tragedia. Él me cuenta de sus amores y desamores. Hacemos una competencia para ver cuál de los dos ha tenido la peor relación amorosa. Gané. Cuando me doy cuenta ya son pasadas las 3 de la mañana. Le digo que es tarde y me tengo que ir a casa. Me detiene cuando estoy a punto de salir y me pregunta si quiero pasar la noche en su apartamento. “¿Dónde voy a dormir?” le pregunto inocentemente. Se ríe y me dice que con él. Sin pensarlo mucho le digo “Ok” y tiro mi bolso al sofá. Me toma de la mano y me lleva a su recámara. Tenemos sexo por más de 40 minutos. El mejor sexo de mi vida. Me abraza y siento que se está quedando dormido. Yo no puedo dormir. Estoy más caliente que la entrepierna de Satanás. Lo monto y frotando mi pubis contra su cuerpo le digo “Dame un poco más.”.