sábado, 27 de julio de 2013

Cumpleaños

He recibido muchas llamadas y mensajes felicitándome. Soy feliz, muy feliz por tener tantos amigos y gente que me quiere. No, no soy mamá. Me felicitan porque hoy es mi cumpleaños. Sí, sí. Nací el día de las madres.
Mamá me ha contado que todavía faltaban unas semanas para la fecha programada de mi nacimiento, pero aquél día de las madres empezaron las contracciones a eso de las 6 de la mañana y no se detuvieron hasta las 10 de la noche en que nací. O sea que nací el 10 a las 10. No creo que tenga nada de especial, pero me gusta decirlo.
La anécdota de ese día es la de mi abuela paterna que se había quedado encargada de hacer compañía a mamá mientras que papá había ido a conseguir un préstamo para pagar la cuenta del hospital.
Mientras mi madre se revolcaba de dolor en la cama por las contracciones, mi abuela encendió el televisor, buscó el canal de la telenovela, sacó un emparedado de pierna de cerdo y destapó una gaseosa. Mi madre la miró incrédula y le dijo "¡Suegra, no me torture así!" y mi abuela le contestó "¿Y yo qué culpa tengo de que no puedas comer?" se paró, le subió el volumen al televisor porque los quejidos de mi madre no la dejaban escuchar los diálogos del drama, regresó a su asiento, le dio un gran bocado al emparedado y se desentendió totalmente de mi madre.
Recordar esta historia cada 10 de mayo es como una tradición en mi familia. Para papá y para mí es muy cómica, pero mamá asegura que fue el peor día de su vida. Recién hablé con ella y empezó con la cantaleta de "A estas horas tu abuela...". Y yo aproveché y le dije que debería hacer lo mismo a sus nueras. Ya ve mamita, que gracias a eso nos acordamos de la abue aunque sea una vez al año.
Nací con poco peso, flaca como una lagartija y pálida como un cirio, pero con una abundante mata de cabello negro. Era la primera niña y después de dos varones mi padre estaba fascinado conmigo. Mi madre muerta de cansancio intentaba dormir, pero no podía por la angustia que habían provocado las palabras del médico. "Esta niña no llora, eso no es normal."
Cuando se comprobó que no tenía ninguna enfermedad fatal mis padres recobraron la tranquilidad y empezaron a hacerle mala fama al pediatra. Con el tiempo mamá rectificó y dijo que el doctor no se equivocó. Valeria nunca ha sido una persona normal.